
No se recuerda un incendio parecido en la ciudad, tal vez Almacenes Arias en el 87 donde murieron 10 bomberos o la discoteca Alcalá 20, con 82 víctimas, en el 83. Yo tenía 13 años y aún recuerdo éste último suceso, esa Navidad trágica. Pero nada parecido a las imágenes que ayer de madrugada vivimos en directo, tan cerca que casi se podía respirar el humo a la vuelta de la esquina. Saqué a Bea de la cama a las 02:30 h. y no olvido su boca abierta al ver la escena.
Curiosa especie los madrileños. Somos capaces de contemplar un espectáculo así sin soltar de la mano nuestra copa de sábado por la noche. La gente se amontonó a ambos lados de la Castellana para presenciar -con sus cámaras digitales en la mano- como se consumía la gigantesca cerilla Windsor, entorpeciendo el paso a los servicios de emergencia. Eran casi tantos como los que deploramos su actitud. Ciudad de contrastes es ésta.
Incluso hay hueco para el humor, alguien dijo que los madrileños somos tan chulos que hemos adelantado las fallas de Valencia (se celebran en marzo), para impresionar al Comité olímpico.
¿Una fea costumbre?...tal vez. No hace ni cuatro días del último suceso: atentado con coche bomba en IFEMA. El hermano de Bea entre los heridos. Llamada a las 09:30 h de la mañana del miércoles, llanto y desesperación. Una suerte milagrosa, ninguna víctima grave. Todo un récord cuando un coche bomba estalla a tan poca distancia (25 metros?). Enhorabuena Gonzalo, me alegro mucho de que sigas entero entre nosotros.
Por fortuna, esto no es Gaza, aunque algunos abanderados de causas mesiánicas se empeñen en hallar similitudes. Causa perdida: 30 años de lucha armada con ningún objetivo honesto, ni resultados. Realmente es absurdo. ¿Carrero Blanco? ¿el Régimen?... Nisiquiera eso. La Historia hubiese acabado con él de todos modos, nadie os necesitaba para ganar las libertades, nisiquiera entonces que realmente no las había. Ni vuestro propio "país", la primera sociedad que se avergüenza de vuestra existencia.
Me pongo en la piel de los tipos que ponen esas bombas y no encuentro ninguna razón inteligente para lo que hacen. Quizás sea eso, no reflexionan sobre lo absurda que es su lucha. Especialmente ellos, los más tontos de todos, los secuaces que roban un coche de madrugada para llenarlo de explosivos y salir corriendo como ratas dejando un rastro de sangre. Que vida más miserable debe ser esa.
A la mayoría nos siguen impresionando escenas así y deseamos que sigan siendo algo inusual en nuestra ciudad. Espero que no perdamos la capacidad para quedarnos con la boca abierta.

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