El pasado 9 de noviembre de 2004 se celebraron 15 años de la caida del muro. Resulta llamativo que la euforia inicial de 1989 por este acontecimiento, se vea hoy en día empañada por la división en la sociedad alemana ante la realidad que ha supuesto la caída del telón de acero a 15 años vista. Un sociedad aún dividida en Ossis (ciudadanos del Este, antigua RDA) y Wessis (alemanes occidentales), que no acaba de asimilar su pasado. Prueba de ello es la importancia que aún dan los alemanes a los símbolos de su historia reciente y la polémica existente acerca de cúal debe ser su tratamiento.
Una corriente de nostalgia recorre Alemania en estos tiempos. A ambos lados del antiguo muro se habla de los beneficios de antaño, cuando éste existía. Los orientales rememoran una época en la que no había paro y no se sentían ciudadanos de 2ª categoría, pues dejaron de estar integrados en un estado que les proporcionó identidad durante 44 años para formar parte de una nación que aún les contempla como provincianos y oportunistas de los beneficios del capitalismo.
Los occidentales, por su parte, se lamentan por el pago de la factura de la unificación en la economía del país y a nivel particular, a través del llamado Impuesto de Solidaridad, que se retuvo de sus nóminas durante los años siguientes a la unificación.
Quizás esta situación no sea más que un reflejo de la crisis de valores que vive el mundo occidental actual, que habiendo perdido a su principal adversario en la guerra fría, ha perdido todo su atractivo incluso para los más advenedizos al consumismo, desheredados del comunismo tradicional, que vieron en la caída del muro una esperanza a la corrupción de su sistema.
Para saber más:
Isabel Birambaux, EFE (Un aniversario agridulce, Los Nuevos Valores)





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