Checkpoint Charlie era el nombre de uno de los puestos fronterizos más conocidos del muro de Berlín, símbolo de la Guerra Fría entre Oriente y Occidente.
23 noviembre 2005
19 julio 2005
Hasta la vista, Laurel
Hoy es un día triste. Este fin de semana hemos perdido a Laurel y aunque probablemente en toda su vida artística conoció la fama de un Louis Armstrong o un Compay Segundo -por poner ejemplos que todo el mundo entienda- fuí testigo de lo grande que era este artista, porque tuve la suerte de conocerle.Quizás lo mejor de Laurel era su vitalidad y su eterna juventud de espíritu, el talento como showman que le rodeaba y todo aquello que hace inevitable hablar de música ska sin mencionar su nombre. Le apodaban El Padrino. Yo era casi un crío cuando le hice la primera entrevista -sí, aquella en la que falló la grabadora- y ya desde entonces comprendí que Laurel era una leyenda viva.
En el cruce de caminos de dos culturas musicales; la anglosajona y la latina, Laurel se movía austero y sencillo. En privado, con su eterna toalla blanca al cuello, silencioso y parsimonioso en sus movimientos. En el escenario, con gafas negras y diente de oro, el Padrino abría el show.
Este músico mitad cubano y mitad jamaicano, británico de adopción, ha dejado para el mundo una manera simpática, mordaz y coherente de entender la vida, que se refleja en su obra y en el recuerdo de todos aquellos que vibramos con sus melodías y su inimitable presencia sobre el escenario y fuera de él. Ahora sólo nos quedan sus melodías, que alguien recordará algún día en cualquier lugar. Si amigos, no era Louis Armstrong, era Laurel Aitken.
Laurel Aitken (1927-2005). Always riding.
13 febrero 2005
El lugar: un poco de historia
El pasado 9 de noviembre de 2004 se celebraron 15 años de la caida del muro. Resulta llamativo que la euforia inicial de 1989 por este acontecimiento, se vea hoy en día empañada por la división en la sociedad alemana ante la realidad que ha supuesto la caída del telón de acero a 15 años vista. Un sociedad aún dividida en Ossis (ciudadanos del Este, antigua RDA) y Wessis (alemanes occidentales), que no acaba de asimilar su pasado. Prueba de ello es la importancia que aún dan los alemanes a los símbolos de su historia reciente y la polémica existente acerca de cúal debe ser su tratamiento.
Una corriente de nostalgia recorre Alemania en estos tiempos. A ambos lados del antiguo muro se habla de los beneficios de antaño, cuando éste existía. Los orientales rememoran una época en la que no había paro y no se sentían ciudadanos de 2ª categoría, pues dejaron de estar integrados en un estado que les proporcionó identidad durante 44 años para formar parte de una nación que aún les contempla como provincianos y oportunistas de los beneficios del capitalismo.
Los occidentales, por su parte, se lamentan por el pago de la factura de la unificación en la economía del país y a nivel particular, a través del llamado Impuesto de Solidaridad, que se retuvo de sus nóminas durante los años siguientes a la unificación.
Quizás esta situación no sea más que un reflejo de la crisis de valores que vive el mundo occidental actual, que habiendo perdido a su principal adversario en la guerra fría, ha perdido todo su atractivo incluso para los más advenedizos al consumismo, desheredados del comunismo tradicional, que vieron en la caída del muro una esperanza a la corrupción de su sistema.
Para saber más:
Isabel Birambaux, EFE (Un aniversario agridulce, Los Nuevos Valores)
Baja la música y sube el televisor

No se recuerda un incendio parecido en la ciudad, tal vez Almacenes Arias en el 87 donde murieron 10 bomberos o la discoteca Alcalá 20, con 82 víctimas, en el 83. Yo tenía 13 años y aún recuerdo éste último suceso, esa Navidad trágica. Pero nada parecido a las imágenes que ayer de madrugada vivimos en directo, tan cerca que casi se podía respirar el humo a la vuelta de la esquina. Saqué a Bea de la cama a las 02:30 h. y no olvido su boca abierta al ver la escena.
Curiosa especie los madrileños. Somos capaces de contemplar un espectáculo así sin soltar de la mano nuestra copa de sábado por la noche. La gente se amontonó a ambos lados de la Castellana para presenciar -con sus cámaras digitales en la mano- como se consumía la gigantesca cerilla Windsor, entorpeciendo el paso a los servicios de emergencia. Eran casi tantos como los que deploramos su actitud. Ciudad de contrastes es ésta.
Incluso hay hueco para el humor, alguien dijo que los madrileños somos tan chulos que hemos adelantado las fallas de Valencia (se celebran en marzo), para impresionar al Comité olímpico.
¿Una fea costumbre?...tal vez. No hace ni cuatro días del último suceso: atentado con coche bomba en IFEMA. El hermano de Bea entre los heridos. Llamada a las 09:30 h de la mañana del miércoles, llanto y desesperación. Una suerte milagrosa, ninguna víctima grave. Todo un récord cuando un coche bomba estalla a tan poca distancia (25 metros?). Enhorabuena Gonzalo, me alegro mucho de que sigas entero entre nosotros.
Por fortuna, esto no es Gaza, aunque algunos abanderados de causas mesiánicas se empeñen en hallar similitudes. Causa perdida: 30 años de lucha armada con ningún objetivo honesto, ni resultados. Realmente es absurdo. ¿Carrero Blanco? ¿el Régimen?... Nisiquiera eso. La Historia hubiese acabado con él de todos modos, nadie os necesitaba para ganar las libertades, nisiquiera entonces que realmente no las había. Ni vuestro propio "país", la primera sociedad que se avergüenza de vuestra existencia.
Me pongo en la piel de los tipos que ponen esas bombas y no encuentro ninguna razón inteligente para lo que hacen. Quizás sea eso, no reflexionan sobre lo absurda que es su lucha. Especialmente ellos, los más tontos de todos, los secuaces que roban un coche de madrugada para llenarlo de explosivos y salir corriendo como ratas dejando un rastro de sangre. Que vida más miserable debe ser esa.
A la mayoría nos siguen impresionando escenas así y deseamos que sigan siendo algo inusual en nuestra ciudad. Espero que no perdamos la capacidad para quedarnos con la boca abierta.




